2011: lo bueno y lo malo
Cada año que se va parte con un cortejo de hechos, positivos y negativos.
Al momento de despedir el 2011 desde el Perú, es aconsejable seleccionar unos cuantos hechos y personas que hayan marcado el año, especialmente aquellos que indican que, pese a todo, puede darse vuelta a la última página del almanaque con algo de gratitud. Es tentador, por ejemplo, elegir ese récord de US$ 38.000 millones en exportaciones, pero estamos ante un éxito mitigado por su falta de repercusión en los bolsillos de la mayoría, que sigue insatisfecha.
Algunos premios cuentan, y si bien no tuvimos este año nada equivalente al Nobel de Literatura otorgado a Mario Vargas Llosa en 2010, la consagración de la Amazonía como maravilla del patrimonio mundial llenó de júbilo al país, como también ocurrió con el campeonato mundial de ajedrez alcanzado por Jorge Cori a sus 16 años. El éxito sostenido de la feria culinaria Mistura, vitrina de nuestra gastronomía o el reciente título dado a Lima entre los mejores destinos turísticos forman parte de estas satisfacciones.
En el rubro elecciones, sin duda el personaje del año es el presidente Ollanta Humala, que en enero reunía apenas un 10% de intención de voto y en junio arrebataba la segunda vuelta a la candidata dinástica Keiko Fujimori por casi medio millón de sufragios. Hay que ver en su elección un contenido de esperanza que se mantiene, a 150 días del inicio de su gobierno, pese al largo pulseo con Cajamarca, que obligó a un cambio de gabinete.
Pero al lado de estos hechos positivos, cuántos negativos. Los remanentes de SL, ahora convertidos al narcoterrorismo, siguen asesinando a miembros de las fuerzas del orden y civiles en el Huallaga y el VRAE, sin que los duros golpes recibidos permitan llegar a sus cabecillas. Manuel Burga mantiene la desfachatez de seguir al frente de la FPF y la ilusión de una clasificación al Mundial de 2014 sigue cuesta arriba.
Entre los actos de gobierno destaca la creación del Ministerio de Inclusión, por ahora más una promesa que una realidad. En cambio, la reforma del Estado sigue paralizada y el nuevo Congreso demostró ser igual o peor que los anteriores. La Ley de Consulta Previa sigue sin reglamento. La lucha anticorrupción continúa siendo más de palabras que de hechos.
Esa terrible pandemia que es la pobreza sigue atacando a un tercio del país, pese a los esfuerzos por reducirla. No obstante lo anterior, nos llena de justificado orgullo la admirable persistencia y espíritu solidario de aquellos peruanos que tratan de mejorar a partir de las duras condiciones de su vida cotidiana. A ellos quisiéramos decirles que el 2011 marcó el límite del sacrificio, pero no es dable confundir realidad y buenos deseos. Tratemos todos, eso sí, de hacer del 2012 un año más benigno y menos angustioso que este que termina.
Samoa se salta un día
Uno de los hechos más curiosos de este fin de año será protagonizado por las islas Samoa, que se dormirán en jueves 29 y amanecerán en sábado 31 por decisión de sus autoridades. El asunto es simbólico y político a la vez. Simbólico porque el acto consiste en correr la imaginaria línea divisoria del tiempo, con lo cual de ser uno de los últimos países en recibir el año pasarán a ser de los primeros, con Australia y Nueva Zelanda. Político, porque la decisión corresponde a la influencia creciente de China, principal socio de los 193.000 isleños, hacia la cual miran ahora. La otra Samoa, dependiente de EE.UU., no cambiará de tiempo. Los 1.200 habitantes del minúsculo Estado isleño Tokelau sí lo harán. Cuestión de reconocer las nuevas hegemonías.
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